Padres y Madres Creciendo
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Asumir el compromiso de ser padres

Sábado 10 de abril de 2010, por Ingrid

La decisión personal

En algún momento de nuestra vida sentimos el deseo de ser madre o padre, este deseo es una semilla, un impulso, una corriente de energía que nos moviliza. En muchas ocasiones nos preparamos para que este deseo se haga realidad y así generamos las condiciones necesarias para serlo y tomamos la decisión en forma conciente. Otras veces el camino es al revés, se manifiesta el hecho antes de haber tomado conciencia de nuestro deseo y es la situación la que pone en marcha el proceso que nos permite tomar la decisión.

Decidir ser madre o padre es una afirmación de la vida, es estar dispuesto a acompañar a un niño en su crecimiento, es el comienzo de una aventura y por supuesto es aceptar un gran desafío.

La decisión no es algo sólido como una inscripción en el bronce, es algo sutil que permanece a la vez que va y viene. Con una amiga compartíamos nuestras vivencias respecto de la búsqueda del segundo hijo, ambas queríamos y dudábamos, ninguna lograba que el deseo permanezca varios meses. Incluso luego de nacida mi primera hija tuve una crisis respecto de mi deseo de ser madre, llegué a dudar de si verdad lo deseé o simplemente había asumido el mandato social con tal fuerza que no veía otra posibilidad. Las dudas se disiparon y pude sentir de corazón mi deseo de ser mamá y la vida me dio dos hijos más.

Convertirnos en padres y compartir la vida con un bebé moviliza muy profundamente. Por ejemplo nos pone en contacto con la total vulnerabilidad de los seres humanos, la indefensión de nuestro hijo estimula la indefensión que alguna vez tuvimos nosotros. Esas vivencias pueden despertar nuestro aspecto protector, y así fortalecernos al cuidar al niño, o despertar la crueldad y el menosprecio de los que fuimos objeto (10). Esto no significa que no podamos revertir una infancia descuidada, por el contrario saberlo nos ayuda a estar preparados y a cultivar la confianza en que podremos enfrentar cualquier situación y elegir actitudes saludables. Siempre hay opciones y ayuda disponible cuando estamos comprometidos con la vida.

En general cuando tomamos la decisión de ser mamá o papá estamos aceptando al otro progenitor; estamos creando un vínculo de gran trascendencia.

A veces tomamos la decisión de ser mamá solas. En estos casos conviene que tengamos claro quién nos ayudará en la crianza, pues tanto para el niño como para nosotras es bueno contar con otras personas. También es importante reflexionar sobre el lugar que le daremos al padre biológico. ¿Le diremos quién es y cuál es la situación?. Los niños en algún momento preguntan. En el imaginario personal el padre ausente ocupa un lugar y ese lugar suele dar cierto significado a la propia vida

En ocasiones decidimos ser padres y enfrentamos obstáculos, tales como dificultades en la concepción. Frente a esto cada uno toma alguna decisión y así crecemos como personas y como parejas.

Muchas personas elegimos adoptar un niño y de este modo afirmamos la vida y ofrecemos amor y contención a un bebé que hasta ese momento no tenía padres que pudieran ocuparse de él.

La decisión de ser madre o padre requiere compromiso. Comprometámonos a brindar a nuestro hijo durante su infancia y adolescencia: amor, cuidado, guía y protección. Sea que vivamos en la prosperidad o en la pobreza, en un marco familiar o solos, estemos en pareja o no. Y a ofrecer amor durante toda la vida. Este compromiso es del corazón y lo podemos tomar con tranquilidad y convicción, pues de la fuerza de nuestro deseo e intención surgirán las posibilidades de realizarlo, aún en las circunstancias más difíciles (11). Entreguémonos y confiemos en la sabiduría de nuestra decisión.

Comprometámonos a creer en nuestros hijos, a confiar en que se merecen lo mejor de la vida. Démonos la oportunidad de verlos como maestros, como pequeños mensajeros de luz.

Tomemos el compromiso de creer en nosotros como padres, busquemos lo mejor, confiemos en que encontraremos el camino que nos permita desarrollar nuestros aspectos más creativos y sabios. Confiemos en nuestra capacidad de amar y brindar ternura, en nuestra posibilidad de acompañar, sonreir, proteger, estimular y tender la mano.

El ejercicio de la paternidad nos presentará muchos desafíos y es bueno saber que siempre existen opciones, muchas más de las que se perciben de inmediato, comprometámonos a buscar opciones, descubrir caminos, buscar ayuda y encontrar compañeros de ruta. Tomemos la decisión de crecer con nuestros hijos, aprovechemos las situaciones que se presenten para ampliar nuestras posilidades

Podemos elegir un lugar donde estemos a gusto y haya calma, para sentarnos en silencio y conectarnos con nuestro deseo de ser madre o padre. En este estado podemos tomar el compromiso con nosotros mismos, seremos padres y ofreceremos amor, cuidado, confianza y guía al nuevo ser que llega.

También podemos abrir un cuaderno de bitácora para nuestra apasionante aventura como mamá o papá. Elijamos un cuaderno de buenas tapas, anotemos nuestra decisión y compromiso. Escribamos allí las reflexiones, esperanzas, dudas, necesidades que nos surjan en el camino y por supuesto todos los logros.

La decisión conjunta

Muchos de nosotros nos casamos o iniciamos la vida en pareja con la idea de ser padres en algún momento, cuando lo consideramos oportuno nos abrimos a la paternidad. Es importante detenernos y tomar conciencia de que decidir ser padres en forma conjunta es establecer un nuevo vínculo, es aceptar al otro como partícipe constante de la crianza y como compañero de viaje a lo largo de décadas, será con quien se compartan las alegrías y pesares de la paternidad de ese niño. Es un vínculo que perdurará aún si la pareja se deshace y el amor se desvanece, es un vínculo que requiere de confianza mutua y grandeza de espíritu. Vale la pena detenernos a pensar si en caso de separación podríamos mantener un diálogo amistoso en relación a la crianza del niño y si nos parece que sí, cultivar esta creencia, fortalecerla, encarar la paternidad sin condicionarla por el estado de ánimo de la pareja. Esto no solo enriquecerá nuestro rol como madre o padre sino que también le aportará soltura a la pareja.

Decidir ser madre o padre es asumir nuestro propio compromiso hacia el niño y a la vez comprometernos a dejar que la mamá o el papá pueda desempeñar su rol, es tener conciencia de que será un camino compartido.

El compromiso con el padre o la madre del niño

Podemos comprometernos a compartir: el ejercicio de la paternidad, la crianza del niño, el sostén afectivo y económico y el cuidado. Podemos comprometernos a cultivar la comprensión entre ambos para establecer relaciones de mutualidad. La mutualidad en la relación significa que brindamos generosamente y a la vez esperamos recibir amor, apoyo y respeto. Reconocemos y queremos que se respete nuestra interdependencia. Apreciamos lo que puede y debe dar cada uno de nosotros para formar relaciones mutuamente beneficiosas. (12)

Podemos comprometernos a: ocupar nuestro lugar de madre o padre, enfrentar las dificultades que aparezcan como una posibilidad de aprendizaje, buscar ayuda cuando la situación lo requiera y priorizar y proteger al niño ante actitudes destructivas propias o del padre o madre. Podemos comprometernos a acordar la distribución de responsabilidades en la organización familiar y la atención del niño, hacernos cargo de las que asumamos y valorar y respetar la dedicación del otro.

Podemos comprometernos a cultivar el respeto y la amistad en la relación con el padre o madre de nuestros hijos exista o no el amor de pareja; vivamos juntos o separados o incluso alguno haya formado una nueva pareja.

Podemos comprometernos a no utilizar al niño como botín de guerra ni como objeto de manipulaciones por conflictos en la pareja. Podemos redactar cada uno un acuerdo de paternidad y luego elaborar uno conjunto para firmar en un momento privado o en una ceremonia. Podemos elegir a una persona que nos inspire confianza a ambos como madre o padre, que la consideremos positiva y saludable en su manera de enfocar la paternidad y pedirle que sea una consejera a quien recurrir cuando nos sintamos confundidos o enfrentados como padres. Dar a conocer nuestro compromiso

Si decidimos ser mamá sola o ser padres en forma conjunta podemos compartirlo con nuestros seres queridos:

Si somos practicantes de alguna religión podemos conversar con el sacerdote, pastor o rabino sobre la decisión de ser madre o padre y solicitar una bendición.

Podemos elegir crear una ceremonia propia, invitar amigos y familiares, comunicar nuestra decisión. Podemos decir en voz alta nuestro compromiso, podemos pedirle a los presentes que nos regalen un deseo o una sugerencia para este nuevo camino que iniciamos y consignarlos en un cuaderno.

Renovar el compromiso

Podemos acordar con algún amigo un momento al mes para conversar sobre cómo nos sentimos en nuestra tarea como madre o padre. Podemos establecer una cita cada cierto tiempo para renovar el compromiso y conversar con la mamá o papá del niño sobre cómo va el proceso compartido.

Podemos tener como costumbre decirnos por lo menos tres cosas que nos gusten de cómo somos y cómo es el otro como mamá o papá. Podemos escribir cada año una tarjeta dirigida a nuestro hijo contándole y agradeciéndole las cosas que aprendimos ese año como mamá o papá y guardársela en su álbum de fotos o recuerdos.

Podemos compartir nuestra experiencia con otros padres que inician su camino o desean enfocar su maternidad y paternidad de una manera nueva.

Podemos recordarnos mediante charlas o carteles escritos que a veces no nos sentiremos a gusto con algo que hicimos o nos parecerá que no logramos encontrar la actitud adecuada, en esos casos conviene tener presente el lema “El momento más oscuro es el que precede al amanecer” y que lo importante es caminar, no importa cuántas veces tropecemos o nos caigamos, la sabiduría está en levantarse.

Algunas consideraciones generales

Si estás en proceso de decidir o ya has tomado la decisión de ser madre o padre es conveniente repasar algunas cosas:

Estado psicofísico

Nuestra salud es importante y determinante para nuestro hijo. Hace falta repasar y tomar conciencia de nuestros hábitos, tener el valor de asumir aquellos que son dañinos e intentar un cambio o compensación. Con la mente fresca evaluar si es necesario hacernos algún análisis para descartar enfermedades venéreas, SIDA, herpes, etc. La ley argentina exige la realización de análisis prenupciales para detectar ciertas enfermedades, dado que antes la vida sexual comenzaba con el matrimonio, la aplicación de esta norma evitaba la propagación de las enfermedades pues se brindaba tratamiento a los afectados y se garantizaba que los niños no se contagiaran. Ahora que los hábitos sexuales han cambiado y han aparecido nuevas enfermedades es necesario que consideremos en forma independiente el beneficio de realizarnos análisis.

Aumenta el número de afectados por SIDA y la sífilis ha resurgido con gran fuerza por falta de previsión y cuidados, y lamentablemente se contagian muchos niños. Si enfrentamos con honestidad la situación, en caso de ser necesario podemos recibir el tratamiento correspondiente y evitar contagios. Cuando uno está en pareja hace un tiempo e incluso ya tiene un hijo cree que estas sugerencias sirven para las parejas jóvenes o primerizas. No obstante la sugerencia es válida para todos porque la infidelidad es mucho más común de lo que creemos y las relaciones sexuales sin protección también, por lo tanto aunque estemos casados hace años vale la pena realizar esta evaluación con sinceridad o directamente hacernos los análisis.

Este repaso y consecuente decisión es válido para cualquier tipo de afección que podamos transmitirle a nuestros hijos, es necesario asumir la situación y compartirla con la futura mamá o papá del niño y con los profesionales de la salud que correspondan. Las afecciones psicológicas, adicciones, etc. también pueden encararse e iniciar tratamientos o grupos de apoyo que brinden herramientas para crecer.

Tener un hijo y ser padre o madre no cambia mágicamente las cosas, no nos engañemos. Puede aportarnos motivación y fortaleza para cambiar, pero es necesario que nos hagamos cargo de nuestros hábitos y enfermedades. Hace falta ser honesto con uno mismo y con la pareja y velar por la salud del niño desde el comienzo.

Situación laboral y hogareña

Los seres humanos tenemos mucha capacidad de adaptación y podemos vivir y crecer en los entornos más variados. Sin embargo, cuando vamos a traer un hijo al mundo o vamos a ser madre o padre de un bebé o niño pequeño necesitamos un hogar, un lugar donde nos sintamos cómodos, que nos brinde abrigo y en el que podamos recibirlo. Es deseable que el lugar nos permita tener privacidad y también que esté relativamente cerca de gente que pueda brindarnos apoyo. También es necesario contar con algún ingreso estable que permita solventar los gastos cotidianos. Si nos quedamos sin ingresos propios, será necesario buscar apoyo de familiares y amigos o de algún servicio público hasta que se normalice la situación. Buscar y pedir ayuda es una actitud valiosa, aprender a recibir es tan importante como aprender a dar.

Relaciones familiares

El niño formará parte de nuestra familia y el lugar que ocupe dentro de ella dependerá fundamentalmente del lugar que le hagamos. Mi padre, por alguna razón que desconozco, no le contó a su familia que estaba en pareja, que se casó, que tuvo hijas. Ellos se enteraron cuando ya tenía una familia constituída. Lamentablemente él murió al poco tiempo y a su familia le costó mucho sentirnos parte.

Muchos recordamos el caso del cantante Rodrigo, él tenía un hijo al que presentaba públicamente, sin embargo no le había puesto su apellido y no estaba casado con la madre del mismo. Al morir Rodrigo, ese niño quedó legalmente desprotegido, debía demostrar que era hijo del cantante. La familia podía reconocerlo o no.

Si bien la decisión de ser padres es personal y/o de pareja, la llegada de un niño impacta en toda la familia. Vale la pena tenerlo presente y elegir el momento y la manera de comunicarlo que favorezcan la buena disposición; luego será conveniente tener paciencia hasta que lo procesen. Por suerte la naturaleza es sabia y ningún bebé llega en un instante, nueve meses de embarazo o largos meses para adoptar permiten que todos los involucrados se adapten a la nueva realidad.

Uno de los vínculos familiares de vital importancia para los niños es el que establecen con sus abuelos, toda relación necesita tiempo compartido para poder consolidarse. La casa de los abuelos suele ser un territorio mágico para los chicos, las cosas que los abuelos quieren y cuidan, los paseos y momentos que comparten con ellos. Las historias familiares que les transmiten, las comidas habituales, los orígenes.

Mis hijos tuvieron la suerte de tener abuelos paternos, con ellos aprendieron palabras en árabe, a escuchar "Las chicas de Alejandría", a jugar a las cartas, compartieron paseos por el zoológico. Gracias a los abuelos tuvieron su primer televisor, porque nosotros no estábamos de acuerdo en tener uno. Los abuelos con su sabiduría suelen atenuar algunas actitudes exageradas de los padres.

Generalmente en la casa de los abuelos suele reunirse la familia y de este modo los vínculos con los tíos y entre primos son más cercanos y posibilitan muchas vivencias compartidas. Actualmente, con las familias ensambladas, es común que algunos chicos tengan multitud de abuelos, los padres de la mamá, del papá, de la pareja de mamá y de papá. Lo cual ensancha la riqueza y el mundo de los chicos. Más allá de los vínculos de sangre o políticos, cualquier adulto mayor con un poco de cariño y disposición puede llenar de alegría la vida de un niño.

La llegada de un nuevo miembro revitaliza los vínculos familiares, nos ubica en nuevos roles y, si nos lo permitimos, nos invita a disfrutar del milagro de la vida y la ternura de un recién nacido. Es una hermosa ocasión para brindar cariño, apoyo y buena onda al papá, la mamá y el bebé.

Capítulo 5 del libro "Los hijos como maestros. La paternidad como un camino de crecimiento personal" de Ingrid Kossmann, Ed. Deva¨s, Buenos Aires, 2007

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